El Susurro de las Hojas al Caer

El susurro de las hojas al caer

El susurro de las hojas al caer llenaba el ambiente que parecía silencioso .

Transcurría el tiempo lentamente en aquel claro del bosque. Los árboles del lugar disfrutaban del silencio y la quietud, del calor y de la luz de los rayos del sol. “Por fin, un día de calma”, pensaban en uno u otro momento.

Los días anteriores habían sido muy estresantes. A esos pequeños humanos se les ocurrió la idea de que muchos de nosotros molestábamos y decidieron que lo mejor era talarnos. Algunos de nosotros habíamos “oído” como los humanos querían hacer más prados y a pesar de eso no podíamos creer lo que oíamos. Piensa que no entendemos sus palabras, sino que sentimos las energías que salen de sus corazones. Y en aquellos corazones no había armonía, y mucho menos calma. ¡Pero con los humanos, nunca se sabe qué orientación puede tomar esa falta de paz en sus corazones!.

¡La intranquilidad fue ganando espacio en nuestros seres grandes y fuertes, y vulnerables también !!. Sí, a pesar de que fueron pasando los días y no sentíamos movimiento no aumentaba nuestra tranquilidad, más bien era mayor nuestra inquietud. Entre los humanos que viven cercanos a nosotros el movimiento fue al revés. Comenzaron con una gran inquietud y con el paso de los días y la falta de movimiento, se fueron confiando. “No hay peligro”, pensaban. “Seguro que han cambiado de opinión, el coste económico les habrá pesado y han optado por otra decisión”, se decían. Aún así, nosotros no podíamos relajarnos como ellos; para nosotros el peligro acechaba.

Los más antiguos de nosotros no sabíamos cómo comunicarnos con esos humanos más cercanos, esos a los que sí les preocupaba nuestro bienestar. Continuar leyendo “El Susurro de las Hojas al Caer”

La Pasión En Expresión

La pasión  en  expresión comienza desde el vacío.

El espacio lo sentía quieto y  al mismo tiempo podía percibirse un deseo de movimiento. Todo iba lento, excesivamente lento para ese Ser deseoso de que algo nuevo apareciera, deseoso de tomar parte en una nueva experiencia.

Tan sólo eso sirvió para ponerlo todo en ese anhelado movimiento. Las energías empezaban a expandirse en múltiples colores, en múltiples radiaciones. Algunas no habían sido vistas antes. Al menos ese Ser así lo sentía. Continuaba el juego de expansión y poco a poco se iban ordenando, si puede decirse orden, entorno a la conciencia que anhelaba la experiencia.

Lo que había comenzado como una gran expansión poco a poco iba dando paso a un movimiento mucho más lento, empezaba la densificación.

Los azules tornasolados iban acercándose a algunos seres que también estaban deseando que algo se moviera en sus vidas, deseando salir de aquella especie de jaula invisible en la que sentían que estaban viviendo sus rutinarias y frustrantes vidas. No era porque sí que los azules tornasolados se acercaban a ellos, digamos que estaban entrando en su resonancia energética, en esa que ellos, los seres estaban deseando ver aparecer en sus vidas a través de los cambios anhelados.

Así, poco a poco, sin ser conscientes de cómo ocurría, vieron que en su horizonte aparecía la posibilidad a través de un taller de respiración. Continuar leyendo “La Pasión En Expresión”

El banco junto al mar

El banco junto al mar

¡¡Cuánto me gustaría estar ahora en el banco junto al mar, disfrutando de los sonidos y de los olores!!

Era un día gris en la realidad anímica de la muchacha. “No apetece mucho estar al aire libre”, dudó. Pero estaba un poco cansada de estar entre cuatro paredes y deseaba sentirse libre de nuevo. El peso de la semana era aún notable y visible en su cuerpo físico, y también en su ánimo. Pensó que, a pesar de que aquel aire tan ruidoso  la invitaba a quedarse en casa, prefería  pasear junto al mar, su amigo el mar, a quien tanto adora y, al mismo tiempo, respeta.

En estos días desapacibles, el mar suele estar un poco alterado y poco amigable. Parece que, con cada ola que se acerca, quiera escupir toda su rabia, quiera maldecir a quien ose acercarse.

Y allí estaba ella, sentada en un banco en un sitio bien aireado, especialmente en días ventosos como hoy, ya que no queda protegido por nada, sólo el banco observando el mar. Bueno hoy, ella y el banco observando el mar. Ese mar hipnótico, bravío, amenazador, y al mismo tiempo, tan entrañable.

Era un día desapacible sí, pero un día apropiado para estar a solas en ese lugar, entrando en sintonía con esa danza interminable de las olas rompiendo salvajemente contra las rocas del acantilado. Continuar leyendo “El banco junto al mar”