El Caos

El Caos parece adueñarse de la vida. Casi sin darse cuenta el humano se ve metido en experiencias que lo sumergen y lo sacan sin ritmo, sin freno. En ese vapuleo, el movimiento lo deja  casi sin aliento, sin esperanza. Parece el fin. De hecho lo será. Tanto si sale de ese torbellino como si no, es el final de una etapa, de una forma de actuar, de vivir, de pensar, el final de unas identificaciones y patrones que generan hábitos.

De entre todas las olas desenfrenadas, impetuosas y, a veces violentas, surge todo un potencial de vida. Pudiera parecer que  nada pueda emerger de ese inmenso caos, de ese inmensa conmoción vital. Sólo es cuestión de permitir que obre el milagro.

Casi sin darse cuenta y de la misma forma que se inició, el humano sale de ese atolladero e inicia una nueva forma de ser.  Sale aturdido, confuso, desorientado, preguntándose cómo ocurrió, cómo se dejó arrastrar hasta ese punto sin siquiera darse cuenta de lo que se avecinaba. 

En toda esa confusión, el humano pretende que nadie le altere aún más su ya mermada capacidad de enfoque. Un poco de calma, de quietud, de sosiego es la mejor medicina para que se asiente ese nuevo orden interno, y el humano pueda integrarse con más facilidad en él. Esa sacudida vital sacará, despojará de todo aquello que ya no le resulta útil, ya sean relaciones, compromisos, trabajos, actitudes o patrones de vida, de vidas. 

Es un tiempo delicado, de mucha vulnerabilidad, que no siempre es entendida y ni siquiera aceptada por el entorno. Y sin embargo, es necesaria para volver a crear.  Es una final y no es un final. 

Clara Freire (Cati)

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